
La Casa Amarilla frente al Parque España, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores y uno de los edificios históricos más importantes de la diplomacia costarricense.
Por Jorge Mata
Hay edificios en San José que uno reconoce de inmediato pero cuya historia casi nadie se ha detenido a entender. La Casa Amarilla es uno de esos casos. Hoy funciona como sede del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica, pero su origen está ligado a un proyecto regional mucho más ambicioso: la Corte de Justicia Centroamericana, considerada por historiadores uno de los primeros tribunales internacionales creados para resolver disputas entre países.
A inicios del siglo XX Centroamérica buscaba mecanismos para evitar conflictos entre Estados. La idea era crear un tribunal regional que pudiera mediar entre gobiernos y reducir las tensiones políticas de la época. Para construir su sede se contó con el financiamiento del filántropo estadounidense Andrew Carnegie, quien apoyó varias iniciativas jurídicas internacionales en ese período. El edificio finalmente se levantó en San José y con el tiempo terminaría convirtiéndose en uno de los espacios más simbólicos de la diplomacia costarricense.

El patio central de la Casa Amarilla, organizado alrededor de corredores coloniales y una fuente donada por México en 1929.
Desde 1921 la Casa Amarilla funciona como sede de la Cancillería. Aunque desde afuera parece simplemente otro edificio histórico del centro josefino, por dentro revela una arquitectura pensada para el protocolo y la calma. El edificio se organiza alrededor de un patio central rodeado de corredores y columnas donde el ritmo del centro de San José parece desaparecer por completo.
En medio de ese patio destaca una fuente donada por México en 1929, un gesto diplomático que todavía forma parte del paisaje del edificio y que recuerda cómo las relaciones entre países también se expresan a través de símbolos y obsequios.

El Salón Dorado de la Casa Amarilla, un espacio utilizado para actos diplomáticos, ceremonias oficiales y presentaciones de credenciales de embajadores.
Otro de los espacios más impresionantes del lugar es el llamado Salón Dorado, una sala elegante que originalmente se utilizaba para las sesiones de la Corte Centroamericana. Hoy ese salón sigue siendo uno de los escenarios diplomáticos más importantes del país. Ahí se realizan ceremonias oficiales, presentaciones de credenciales de embajadores y distintos actos protocolarios donde Costa Rica recibe representantes de otros países.
Pero quizá lo que más sorprende a quienes logran entrar al edificio es el Museo Diplomático Braulio Carrillo, ubicado dentro de la Casa Amarilla. En sus vitrinas se conservan documentos históricos, objetos ceremoniales y regalos diplomáticos que narran la relación de Costa Rica con el resto del mundo.

Detalle de la réplica de la espada de Simón Bolívar exhibida en el museo de la Cancillería, una pieza simbólica vinculada a la historia política de América Latina.
Entre esas piezas hay una que inevitablemente llama la atención. Dentro del museo se exhibe una réplica de la espada de Simón Bolívar, uno de los símbolos más reconocibles de la historia latinoamericana. Según explicaron autoridades de la Cancillería durante el recorrido realizado por Chepetown, esta réplica fue entregada por el presidente venezolano Hugo Chávez al entonces presidente de Costa Rica Miguel Ángel Rodríguez alrededor de 1999 como parte de un gesto diplomático entre ambos países.
Más allá del contexto político de ese momento, el objeto refleja una tradición diplomática muy antigua: el intercambio de piezas simbólicas entre jefes de Estado. En museos diplomáticos alrededor del mundo es común encontrar regalos, condecoraciones o reliquias históricas que terminan contando episodios de las relaciones entre países.

El Museo Diplomático Braulio Carrillo dentro de la Casa Amarilla conserva documentos, objetos históricos y regalos diplomáticos que cuentan la relación de Costa Rica con el mundo.
Ese tipo de detalles es lo que vuelve especial a la Casa Amarilla. No es solo un edificio histórico ni un espacio administrativo del Estado. Es un lugar donde se cruzan varias capas de historia al mismo tiempo: el intento de crear una justicia regional centroamericana, la arquitectura institucional del San José de principios del siglo XX y los símbolos diplomáticos que han pasado por el país a lo largo del tiempo.
Sin embargo, entrar no es tan sencillo. La Casa Amarilla sigue funcionando como sede de la Cancillería, por lo que el acceso al edificio normalmente es restringido. En el caso de la visita de Chepetown, el recorrido se realizó con autorización previa.

Un rincón interior de la Casa Amarilla, sede de la Cancillería de Costa Rica, donde pasillos de madera, retratos históricos y estanterías llenas de documentos recuerdan que este edificio ha sido escenario de buena parte de la historia diplomática del país.
En algunas ocasiones especiales el edificio abre sus puertas al público, por ejemplo durante actividades culturales organizadas por GAM Cultural, como el evento Art City Tour, cuando distintos espacios históricos e instituciones del centro de San José permiten visitas guiadas.
Por eso, aunque miles de personas pasan frente a su fachada todos los días camino al Parque España, al Parque Morazán o al Barrio Amón, pocos imaginan que detrás de esas paredes amarillas hay patios tranquilos, salones diplomáticos y un museo que guarda fragmentos de la historia internacional de Costa Rica.
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