El Parque Central de San José cerró sus accesos para una remodelación que comenzó el lunes 3 de agosto de 2026 y que, según el cronograma municipal, se extenderá durante seis meses. Es una intervención necesaria en un espacio que llevaba años pidiendo mejoras, pero también implica sacar temporalmente de uso uno de los principales puntos de encuentro del centro. La inversión asciende a ₡619.149.088,49, la ejecución está a cargo de Montedes S.A. y la fecha prevista de conclusión es febrero de 2027.
Así se proyecta el nuevo Parque Central
El proyecto reorganizará el parque alrededor de la geometría del quiosco histórico. Incluye nuevos adoquines, mobiliario urbano, áreas verdes con sistema de riego, pérgolas, iluminación arquitectónica, un parque sensorial, módulos de interpretación histórica y una línea de tiempo integrada en el pavimento. También se habilitará un café en el sótano del quiosco, una zona que durante mucho tiempo permaneció sin un uso cotidiano visible. La intervención cuenta con aval de la Unidad de Patrimonio Histórico-Arquitectónico y con una declaratoria de interés público.

Así se proyecta el Parque Central de San José después de la remodelación, con nueva iluminación, mobiliario y recorridos organizados alrededor del quiosco histórico.
La Municipalidad ya divulgó modelos digitales que permiten hacerse una idea de cómo quedaría el parque, con más lugares para sentarse, recorridos radiales alrededor del quiosco, iluminación renovada y vegetación integrada entre las zonas de estancia. Sin embargo, en las fuentes públicas consultadas por Chepetown no apareció un croquis técnico completo y descargable que permita revisar con detalle asuntos como dimensiones, rutas accesibles, cantidad de árboles, superficies permeables o distribución exacta del parque sensorial. Los renders sirven para visualizar la intención, pero la calidad del proyecto solo podrá evaluarse cuando esos elementos pasen del modelo a la construcción.
La inclusión debe funcionar en la práctica
La construcción de un parque sensorial y la promesa de mayor accesibilidad son avances valiosos, siempre que no queden reducidos a un sector aislado. Una investigación publicada por RevistARQUIS señala que un espacio público accesible debe permitir que cualquier persona pueda ingresar, desplazarse y permanecer de forma segura, cómoda y autónoma. Eso significa revisar no solo rampas o texturas, sino también las entradas, aceras circundantes, cruces peatonales, pendientes, mobiliario, señalización, iluminación y continuidad de los recorridos. Diseñar únicamente para una persona joven y sin dificultades de movilidad dejaría por fuera a personas adultas mayores, familias con coches, personas con discapacidad y a buena parte de quienes usan diariamente el centro de San José.
También será importante comprobar que el aumento de áreas verdes sea real y no solamente decorativo. Estudios realizados en Costa Rica destacan que los árboles urbanos ayudan a regular la temperatura, filtrar contaminantes, capturar carbono, manejar el agua de lluvia y crear condiciones más agradables para descansar y socializar. Una investigación del CATIE contabilizó 1.287 árboles en parques del centro de San José y estimó que, en conjunto, producen alrededor de 40 toneladas de oxígeno y capturan unas 15 toneladas de carbono al año. Otra investigación sobre áreas verdes urbanas advierte que el exceso de superficies impermeables reduce la infiltración del agua y limita las funciones ambientales de los parques. Por eso, junto a los adoquines de colores, deberá cuidarse el suelo, la sombra, la vegetación existente y el espacio suficiente para que los árboles puedan mantenerse sanos.
El valor del Parque Central tampoco se limita al quiosco o a los acontecimientos que puedan imprimirse en una línea de tiempo. La antigua Plaza Principal fue transformada oficialmente en parque en 1885 y, desde entonces, este lugar ha sido escenario de comercio, encuentros, celebraciones, manifestaciones, conciertos y recorridos cotidianos. Un estudio del Tecnológico de Costa Rica sobre el patrimonio josefino distingue entre el patrimonio construido desde las instituciones y el patrimonio cotidiano que las personas reconocen mediante sus recuerdos y usos. Esa mirada debería reflejarse en los módulos históricos: contar los grandes hechos, pero también la forma en que distintas generaciones y grupos sociales han ocupado el parque.

El Parque Central antes de la intervención iniciada en agosto de 2026. La remodelación mantendrá cerrado el espacio durante aproximadamente seis meses. Foto: Federico Mata vía Wikimedia Commons, licencia CC BY 3.0.
La nueva cafetería, las pérgolas y la iluminación pueden ayudar a que la gente vuelva a quedarse en el parque en vez de utilizarlo únicamente como sitio de paso. Sin embargo, un espacio público sigue siendo público aunque una persona no compre nada. Su recuperación dependerá de limpieza constante, mantenimiento del mobiliario y la vegetación, actividades culturales, seguridad respetuosa y condiciones para que convivan personas con edades, ingresos y necesidades distintas. La investigación sobre accesibilidad urbana recuerda que el uso de un espacio depende tanto de su diseño como de su mantenimiento, la diversidad de usuarios y las relaciones sociales que logra albergar.
Mientras avanzan las obras, el reto inmediato será cumplir el plazo anunciado y evitar que el Parque Central permanezca cerrado más tiempo del necesario. Sería importante que la Municipalidad publique avances periódicos, explique cualquier cambio en el diseño y permita conocer cómo se protegen los árboles, el quiosco y los demás elementos patrimoniales durante la construcción. Desde Chepetown celebramos que se invierta en recuperar el centro, pero una obra de esta escala debe medirse por su ejecución, su transparencia y por la forma en que funcione para todas las personas cuando las vallas finalmente se retiren.
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